Diario Erasmus en Irlanda

Nuestro diario Erasmus durante 3 semanas en Irlanda 🇮🇪
​Autores: Leyre Sáenz-López, Sofía Larrea y Germán María (1.º Bachillerato)

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Decidimos participar en el programa Erasmus impulsados por el deseo compartido de vivir una experiencia diferente, sumergirnos en otra cultura y perfeccionar nuestro inglés. Los días previos al viaje combinaban emoción e incertidumbre, pues nos inquietaba saber cómo sería pasar tres semanas lejos de casa.


​El día de la salida nos despedimos de nuestras familias en el aeropuerto de Bilbao con gran ilusión y los lógicos nervios. Tras tomar el vuelo hacia Dublín, aún nos quedaba un trayecto en autobús hasta Abbeyfeale. Al llegar tuvimos un pequeño imprevisto: nos pasamos de parada. Por suerte, nuestra coordinadora Erasmus, Eva, gestionó rápidamente un punto de recogida alternativo. La amabilidad con la que nos atendieron transformó ese contratiempo en una divertida anécdota del viaje.

​Durante esas semanas residimos con los hogares de nuestros anfitriones irlandeses (Violeta, Kelly y Kasper). Gracias a ellos nos adentramos de lleno en las costumbres locales y practicamos el idioma a diario, adaptándonos progresivamente a sus horarios, gastronomía y estilo de vida. La logística de cada uno era distinta: dos de nosotros vivíamos en el centro y podíamos ir caminando al colegio, mientras que el tercero se desplazaba en coche. Además, Sofía cambió de hogar en la última semana, lo que le permitió conocer de cerca la rutina y dinámica de dos familias diferentes.
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En el ámbito académico, resultó muy interesante descubrir el sistema educativo irlandés. Conocimos de primera mano tanto el Transition Year —un curso opcional orientado a proyectos prácticos y con menor presión académica— como el Fifth Year, más centrado en las asignaturas y la preparación de exámenes. Aunque al principio nos costó acostumbrarnos al acento local, con el paso de los días ganamos soltura, aprendimos nuevas expresiones e incrementamos nuestra confianza para comunicarnos, tanto dentro como fuera del aula.

​En el tiempo libre mantuvimos nuestras rutinas deportivas yendo al gimnasio y jugando al bádminton. Tuvimos también la oportunidad de entablar amistad con varios estudiantes españoles que cursaban allí un trimestre o el año completo. Nos acogieron desde el primer momento, y compartir con ellos las tardes y fines de semana hizo la estancia aún más enriquecedora.
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Aprovechamos las jornadas festivas para hacer turismo. Visitamos la espectacular y ventosa playa de Ballybunion, donde disfrutamos de un café con pastas para entrar en calor. En otra de las excursiones exploramos el castillo de Ross mediante una visita guiada, dimos un paseo en carro de caballos por la naturaleza, hicimos una ruta a pie hasta unas cataratas y recorrimos las calles de Dublín, la capital.
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Por supuesto, no faltó la inmersión gastronómica: probamos el tradicional Irish breakfast y compartimos las comidas y cenas habituales de las familias, descubriendo nuevos sabores que formaban parte esencial de su día a día.


Erasmus Diary in Ireland 🇮🇪
Authors: Leyre Sáenz-López, Sofía Larrea, and Germán María (1st year of Bachillerato)

We decided to take part in the Erasmus program driven by a shared desire to live a different experience, immerse ourselves in another culture, and improve our English. The days leading up to the trip were a mix of excitement and uncertainty, as we were nervous about what it would be like to spend three weeks away from home.

On the departure day, we said goodbye to our families at Bilbao Airport with great excitement and the expected nerves. After catching our flight to Dublin, we still had a bus ride ahead of us to Abbeyfeale. Upon arrival, we had a small mishap: we missed our stop. Fortunately, our Erasmus coordinator, Eva, quickly arranged an alternative pickup spot. The kindness with which we were helped turned that minor setback into a funny trip anecdote.

During those weeks, we stayed with the host families of our Irish students (Violeta, Kelly, and Kasper). Thanks to them, we fully immersed ourselves in local customs and practiced the language daily, gradually adjusting to their schedules, food, and lifestyle. The logistics were different for each of us: two of us lived in the town center and could walk to school, while the third had to commute by car. Additionally, Sofía moved to a second host family for her final week, which allowed her to experience two different family routines and dynamics firsthand.

Academically, it was fascinating to discover the Irish education system. We got a firsthand look at both Transition Year—an optional year focused on practical projects with less academic pressure—and Fifth Year, which is more focused on traditional subjects and final exam preparation. Although the local accent was challenging at first, as the days went by, we gained confidence, learned new expressions, and felt much more comfortable communicating both inside and outside the classroom.

In our free time, we kept up with our sports routines by going to the gym and playing badminton. We also had the chance to make friends with several Spanish students who were spending a term or a full academic year there. They welcomed us into their group from day one, and spending afternoons and weekends with them made our stay even more rewarding.

We also took advantage of the weekends to do some sightseeing. We visited the stunning and windy Ballybunion Beach, where we enjoyed a coffee and pastries to warm up. On another excursion, we explored Ross Castle on a guided tour, took a horse-drawn carriage ride through nature, hiked to some waterfalls, and explored the streets of Dublin, the capital.

Of course, no trip would be complete without culinary immersion: we tried a traditional Irish breakfast and shared everyday meals with our families, discovering new flavors that were an essential part of their daily lives.

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