
Nuestro diario Erasmus durante 3 semanas en Francia 🇫🇷
Autores: Carla Ordóñez y Nerea Cascante (1º Bachillerato)
Adaptación a la vida francesa
Aunque Francia y España son países vecinos y comparten muchas cosas, siguen existiendo diferencias culturales que se hacen notar cuando convives con personas de otro país y conoces su vida cotidiana.
Una de las diferencias más evidentes son los horarios. En general, en Burdeos hacíamos todo unas dos horas antes que en Logroñoy. Nos levantábamos bastante pronto, normalmente sobre las seis de la mañana, comíamos a las doce, cenábamos alrededor de las siete y nos acostábamos temprano. También nos sorprendió que las tiendas cerraran sobre las siete de la tarde, ya que en España estamos acostumbradas a ver muchos comercios abiertos hasta las nueve.
La gastronomía francesa
Durante nuestra estancia, nuestras respectivas familias de acogida nos prepararon algunos platos típicos de la gastronomía francesa, como la tarte Tatin, el croque-monsieur, la sopa de cebolla —que se suele comer mojando pan en ella—, la quiche lorraine y la tartiflette.
También descubrimos algunos dulces y productos de bollería tradicionales, como el cannelé y el pain au chocolat. De hecho, aprendimos que en algunas zonas de Francia, como Burdeos, a este último se le llama chocolatine.
Gracias a estas experiencias, pudimos conocer mejor la cultura gastronómica francesa y descubrir nuevos sabores y costumbres.

¿Cómo era el instituto?
Los horarios del instituto nos parecieron bastante diferentes a los que tenemos en España. Algunos días teníamos hasta diez horas de clase y otros solamente dos. Además, las jornadas incluían bastantes horas libres entre clases, algo que nos llamó mucho la atención.
Otra diferencia era el uso del móvil, que estaba permitido fuera de las clases, aunque no durante las actividades lectivas. En general, la organización del horario y el funcionamiento del centro eran bastante distintos de lo que estamos acostumbradas.
Sin embargo, nuestra asistencia al instituto se vio limitada por las movilizaciones estudiantiles que estaban teniendo lugar en Francia, conocidas como blocus. De las tres semanas que duró nuestra estancia, solamente pudimos asistir a clase durante siete días.
El blocus: las movilizaciones estudiantiles
Durante nuestra estancia en Francia, presenciamos varias movilizaciones estudiantiles. Los alumnos se manifestaban para denunciar problemas relacionados con las instalaciones de los centros, la falta de profesorado, el elevado número de estudiantes por clase y, en general, las condiciones en las que reciben su educación.
Algunos días íbamos al instituto con la intención de asistir a clase, pero nos encontrábamos con lo que allí llamaban blocus: las entradas estaban bloqueadas con contenedores y otros objetos, y había grafitis y carteles por todas partes. También vimos a estudiantes manifestándose por las calles con megáfonos. En otras ocasiones, las clases se cancelaban por motivos de seguridad o simplemente no se desarrollaba la actividad lectiva con normalidad.
Estas movilizaciones se extendieron por distintas zonas de Francia y, según pudimos conocer, en algunos lugares se produjeron graves incidentes, como daños materiales, incendios y enfrentamientos con la policía. Aunque nosotras no presenciamos los episodios más violentos, sí vimos contenedores ardiendo y pudimos comprobar cómo afectaban las protestas al día a día.
Para nosotras fue una experiencia sorprendente, ya que no estamos acostumbradas a ver movilizaciones de esta magnitud y continuidad. Nos llamó la atención la cantidad de estudiantes que se unían para defender una causa común y la repercusión que llegaron a tener las protestas.
Esta situación nos permitió conocer una realidad social diferente y reflexionar sobre las distintas formas de expresar el descontento y reivindicar mejoras en la educación.
Descubriendo Burdeos y sus alrededores
Durante el tiempo que no estábamos en el instituto o con nuestras familias de acogida, aprovechábamos para salir, pasear y realizar distintas actividades.
Un día fuimos las cuatro —Nerea, Carla, Amalia y Maëlle— a la feria. Allí nos montamos en varias atracciones y probamos comida en los puestos. Después, dimos un paseo junto al río, una zona muy animada en la que es habitual ver a gente paseando, montando en bicicleta, haciendo pícnics o charlando con amigos. En esta parte de la ciudad también se encuentran lugares tan conocidos como la Place de la Bourse y el Miroir d’eau.
Además, visitamos el centro de Burdeos en varias ocasiones. Algunas veces fuimos para conocer sus principales lugares de interés turístico; otras, para recorrer las tiendas de la calle Sainte-Catherine y algún centro comercial. También aprovechamos para pasear sin un plan concreto y observar cómo disfrutan los habitantes de la ciudad de su tiempo libre.
Por otra parte, tuvimos la oportunidad de conocer otras localidades de la región, como Saint-Émilion y Arcachon, lo que nos permitió descubrir paisajes y lugares diferentes y ampliar nuestra experiencia más allá de Burdeos.
La convivencia con nuestras familias de acogida
La convivencia con nuestras familias de acogida fue muy positiva. Nos recibieron con amabilidad, fueron muy atentos con nosotras y nos hicieron sentir cómodas en sus casas desde el primer momento.
Compartimos muchas conversaciones y descubrimos nuevos aspectos de la cultura francesa. Además, convivir con personas francófonas nos ayudó a mejorar nuestro nivel de francés y a aprender expresiones y vocabulario que se utilizan habitualmente en situaciones cotidianas y familiares.
Nuestras familias estuvieron siempre dispuestas a ayudarnos cuando lo necesitábamos. Gracias a ellas, pudimos conocer cómo es realmente la rutina diaria en Francia, más allá de lo que se descubre cuando se visita un lugar como turista.
También compartimos comidas y diferentes actividades, lo que nos permitió estrechar lazos y disfrutar de momentos muy especiales. Nos gustó mucho sentirnos parte de sus hogares y estamos muy agradecidas por la forma en que nos acogieron.
Sin duda, esta convivencia ha sido una de las partes más enriquecedoras de la experiencia y nos llevamos muy buenos recuerdos de las personas con las que compartimos estas semanas.
Notre journal Erasmus pendant 3 semaines en France 🇫🇷
Auteurs : Carla Ordóñez et Nerea Cascante
S’adapter à la vie française
Même si la France et l’Espagne sont des pays voisins et partagent de nombreux points communs, il existe encore des différences culturelles que l’on remarque lorsqu’on vit avec des personnes d’un autre pays et que l’on découvre leur quotidien.
L’une des différences les plus évidentes concerne les horaires. En général, en France, nous faisions tout environ deux heures plus tôt qu’en Espagne. Nous nous levions assez tôt, généralement vers six heures du matin, nous déjeunions à midi, nous dînions vers dix-neuf heures et nous nous couchions tôt. Nous avons également été surprises de constater que les magasins fermaient vers dix-neuf heures, car en Espagne, nous avons l’habitude de voir de nombreux commerces ouverts jusqu’à vingt et une heures.
La gastronomie française
Pendant notre séjour, nos familles d’accueil respectives nous ont préparé quelques plats typiques de la gastronomie française, comme la tarte Tatin, le croque-monsieur, la soupe à l’oignon — que l’on mange souvent en trempant du pain dedans —, la quiche lorraine et la tartiflette.
Nous avons également découvert quelques spécialités sucrées et viennoiseries traditionnelles, comme le cannelé et le pain au chocolat. Nous avons d’ailleurs appris que, dans certaines régions de France, comme autour de Bordeaux, on appelle ce dernier une « chocolatine ».
Grâce à ces expériences, nous avons pu mieux connaître la culture gastronomique française et découvrir de nouvelles saveurs et habitudes.
Comment était le lycée ?
Les horaires du lycée nous ont paru assez différents de ceux que nous connaissons en Espagne. Certains jours, nous avions jusqu’à dix heures de cours, tandis que d’autres jours, nous n’en avions que deux. De plus, les emplois du temps comportaient de nombreuses heures libres entre les cours, ce qui nous a beaucoup surprises.
Une autre différence concernait l’utilisation du téléphone portable, qui était autorisée en dehors des cours, mais pas pendant les activités pédagogiques. Dans l’ensemble, l’organisation des horaires et le fonctionnement de l’établissement étaient assez différents de ce à quoi nous sommes habituées.
Cependant, notre présence au lycée a été limitée par les mobilisations étudiantes qui avaient lieu en France, connues sous le nom de « blocus ». Sur les trois semaines de notre séjour, nous n’avons pu assister aux cours que pendant sept jours.
Le blocus : les mobilisations étudiantes
Pendant notre séjour en France, nous avons été témoins de plusieurs mobilisations étudiantes. Les élèves manifestaient pour dénoncer des problèmes liés aux infrastructures des établissements, au manque de professeurs, au nombre trop élevé d’élèves par classe et, plus généralement, aux conditions dans lesquelles ils étudient.
Certains jours, nous nous rendions au lycée dans l’intention d’assister aux cours, mais nous découvrions qu’un blocus était en place : les entrées étaient bloquées par des conteneurs et d’autres objets, et il y avait des graffitis et des affiches un peu partout. Nous avons également vu des élèves manifester dans les rues avec des mégaphones. À d’autres moments, les cours étaient annulés pour des raisons de sécurité ou les activités scolaires ne se déroulaient tout simplement pas normalement.
Ces mobilisations se sont étendues à différentes régions de France et, d’après ce que nous avons appris, de graves incidents se sont produits dans certains endroits, notamment des dégradations, des incendies et des affrontements avec la police. Même si nous n’avons pas assisté aux épisodes les plus violents, nous avons vu des conteneurs en feu et avons pu constater les conséquences de ces manifestations sur la vie quotidienne.
Pour nous, cette situation a été surprenante, car nous ne sommes pas habituées à voir des mobilisations d’une telle ampleur et d’une telle durée. Nous avons été frappées par le nombre d’élèves qui se réunissaient pour défendre une cause commune et par l’ampleur que ces manifestations ont prise.
Cette situation nous a permis de découvrir une réalité sociale différente et de réfléchir aux différentes manières d’exprimer son mécontentement et de réclamer des améliorations dans le domaine de l’éducation.
À la découverte de Bordeaux et de ses environs
Pendant le temps où nous n’étions ni au lycée ni avec nos familles d’accueil, nous en profitions pour sortir, nous promener et faire différentes activités.
Un jour, nous sommes allées toutes les quatre — Nerea, Carla, Amalia et Maëlle — à la fête foraine. Nous avons fait plusieurs attractions et goûté à différents plats proposés dans les stands de nourriture. Ensuite, nous nous sommes promenées le long de la Garonne, dans un quartier très animé où l’on voit souvent des personnes se promener, faire du vélo, pique-niquer ou discuter avec leurs amis. Dans ce secteur se trouvent également des lieux aussi connus que la place de la Bourse et le miroir d’eau.
Nous avons aussi visité le centre de Bordeaux à plusieurs reprises. Parfois, nous y allions pour découvrir les principaux sites touristiques ; d’autres fois, pour faire les magasins dans la rue Sainte-Catherine et dans un centre commercial. Nous en avons également profité pour nous promener sans programme précis et observer comment les habitants de la ville occupent leur temps libre.
Par ailleurs, nous avons eu l’occasion de découvrir d’autres villes de la région, comme Saint-Émilion et Arcachon. Cela nous a permis d’admirer des paysages et des lieux différents et de découvrir davantage la région au-delà de Bordeaux.
La vie avec nos familles d’accueil
La cohabitation avec nos familles d’accueil s’est très bien passée. Elles nous ont accueillies chaleureusement, se sont montrées très attentionnées et nous ont mises à l’aise chez elles dès le premier jour.
Nous avons beaucoup discuté avec elles et découvert de nouveaux aspects de la culture française. De plus, le fait de vivre avec des personnes francophones nous a aidées à améliorer notre niveau de français et à apprendre des expressions et du vocabulaire couramment utilisés dans les situations quotidiennes et familiales.
Nos familles étaient toujours disponibles pour nous aider lorsque nous en avions besoin. Grâce à elles, nous avons pu découvrir à quoi ressemble réellement la vie quotidienne en France, au-delà de ce que l’on peut connaître en visitant un endroit en tant que touriste.
Nous avons également partagé des repas et participé à différentes activités, ce qui nous a permis de créer des liens et de passer des moments très agréables. Nous avons beaucoup apprécié de nous sentir comme chez nous et nous sommes très reconnaissantes de la manière dont nos familles nous ont accueillies.
Cette cohabitation a sans aucun doute été l’un des aspects les plus enrichissants de cette expérience, et nous garderons de très beaux souvenirs des personnes avec lesquelles nous avons partagé ces quelques semaines.











